El perdonar… te hace libre.

Perdonar

Por: Arturo Chuctaya

¿Alguna vez alguien te hizo algún daño y tú anidaste en tu corazón sentimientos negativos hacia esa persona? Quizá haya por ahí, en lo más recóndito de tus sentimientos, algún rencor, alguna ofensa que te hayan hecho, alguna traición a la amistad, quizá una infidelidad, algo que nos impide estar en paz. Entonces tienes la oportunidad de hacer un buen propósito: perdonar, disculpar, o pedir perdón y ofrecer disculpas. Quien no se atreve a perdonar una ofensa o aceptar una disculpa, nunca se sentirá libre. Lo mismo sucede con quien jamás se atreve a pedir perdón o a ofrecer una disculpa por los errores cometidos, igual vivirá con la sensación de que la pena le envenena el alma.

Nunca albergues resentimiento en tu corazón. El resentimiento nunca es bueno… Una persona resentida es aquella que se toma el veneno con la esperanza de que el otro muera. Tomar la decisión de liberarnos de esas cargas que ocasionan los rencores y los resentimientos es hacernos un bien a nosotros mismos. ¡Quitémonos esas cargas! Echemos fuera los enconos y hagámonos la firme decisión de liberarnos de ellos. Si tenemos que perdonar ¡hagámoslo ya!

Si nos están pidiendo perdón por alguna ofensa, perdonemos; pero perdonemos con el corazón. Que no nos quede en el alma ningún rencor, ningún remordimiento. Si nos ofrecen una disculpa, debemos aceptarla; eso quiere decir que quien nos la ofrece está reconociendo su culpa. Si pensamos que no podremos olvidar la ofensa, no importa, cuando menos la hemos lavado con el agua del perdón.

El perdón es el secreto para vivir libres de ataduras, dando cabida al amor. Es vivir sin venenos y con un corazón limpio y puro.

El perdón es oportunidad, oportunidad de darle otro enfoque a las cosas; ciertamente es difícil hacerlo, sobre todo porque es de corazón. Tómate tu tiempo.

Perdonar no significa que no van a existir precauciones o límites. Las segundas oportunidades hablan del gran ser humano que las da, venimos a este mundo para ayudar, no para condenar y señalar; todos nos equivocamos y todos podemos perdonar y ser perdonados algún día. Por cada perdón tenemos una enseñanza para el que se perdona, es perdonado u otorga el perdón. Creamos en las segundas oportunidades, la justicia siempre llega tarde o temprano, pero muchas veces no nos corresponde ser los justicieros. Venimos a aprender y crecer, y una buena forma de crecer es perdonando. Perdónate, perdona, ama, vive.

El perdonar nos lleva a conocernos más, nos lleva a ser humildes y por consecuencia eso nos hace grandes personas.

El perdón es libertad, es dejar atrás lo que ya no puedes cambiar y darle un sentido nuevo a ese recuerdo, que sin lugar a dudas dejó una huella, un aprendizaje para el libro de nuestra vida. Y qué es la vida, sino un cúmulo de aprendizajes.

De mí depende de qué me lleno, de experiencias de crecimiento y amor, o de arrepentimientos y rencor.

¿Cómo pedir perdón?

Una de las claves fundamentales para lograr una relación de amistad, noviazgo o incluso la de un matrimonio saludable y exitoso, es aprender a pedir disculpas, a decir “lo siento”. Pero atención, que ese arrepentimiento al pedir perdón debe ser sincero, sentido y no una simple justificación o el simple pronunciamiento de la palabra mágica “perdón” o “lo siento” como una fórmula repetitiva y vacía que permite salir airoso de la situación.

Sentir las disculpas sinceramente, significa admitir que nos equivocamos, y que nos hacemos responsables del error cometido, y por sobre todo, reconocer la necesidad de un cambio de nuestra parte para que no vuelva a ocurrir. Sentir que hemos hecho mal y no queremos repetirlo.

¿Qué efecto tiene el pedir perdón?

Cuando le pides perdón a alguien y lo haces sinceramente significa que te has detenido a pensar en cómo puede haberse sentido esa persona por algo que tú has dicho o hecho. Cuando te detienes a pensar en los sentimientos de otra persona, empieza a saberte mal tu comportamiento. Y, si has hecho algo que sabías que estaba mal, es posible que hasta te avergüences de ello.

Obviamente, esta actitud, por cierto muy correcta, no sólo debe partir de un solo integrante, sino también de la otra parte, en el caso de que esa otra parte también hubiese tenido el error.

Si la disculpa se hace en un lenguaje sarcástico, agresivo o riéndose, la misma resultará poco creíble y por lo tanto ineficaz en su objetivo final, es más, hasta puede agravar la situación.

Cuando pidas disculpas a alguien hazlo con sinceridad, y es muy posible que esa persona también se disculpe contigo. Por ejemplo, te puede decir: “No tiene importancia, yo también lo siento. No debería haberme metido contigo.” Y es posible que luego vuelvan a ser tan amigos como antes.

¿Cómo se disculpa uno?

Hay muchas formas diferentes de pedir perdón. He aquí algunos ejemplos:

– “Me sabe muy mal haberte dicho algo tan feo.”
– “Siento haberte perdido el libro.”
– “Perdí los estribos, pero no debería haberte insultado. Lo siento.”
– “Siento haber herido tus sentimientos.”
– “Siento haberte lastimado.”
– “Me sabe fatal haberte pegado cuando perdí el control. Me he pasado. No volverá a ocurrir.”

Siempre que pidas disculpas con sinceridad y arrepentimiento, las palabras saldrán de tu corazón y eso será suficiente para que la armonía vuelva a estar contigo.

¿Cuándo debería disculparme?

Es posible que te tengas que disculpar cuando hagas daño a alguien, hieras sus sentimientos, o pierdas algo que le pertenece. También puedes tener que hacerlo si rompes algo (incluso accidentalmente) o si haces algo que sabías que estaba mal como mentir o hacer algo que tus padres te han prohibido.

Muchas parejas piensan que pedir perdón y admitir el hecho de haberse equivocado, es como actuar en contra de la propia autoestima e imagen que el otro tiene de nosotros.

Nada más equivocado, una persona que es capaz de aceptar sus errores y esforzarse por subsanarlo o superarlos, tanto de palabra como de hecho, muestra a una persona que quiere mejorar de manera activa su relación de pareja.

Cuando una de las partes toma la decisión de disculparse sinceramente, la otra debe ser capaz de perdonar. Para poder perdonar, hay que ponerse en el lugar del otro y entender que así como a uno le cuesta perdonar, al otro también le cuesta pedir perdón y no hay que seguir recriminándole.

¿Y si estabas enfadado?

Todos nos enfadamos con otras personas de vez en cuando. Enfadarse no es malo y no es nada por lo que nos debamos disculpar pero es importante saber cómo debemos decirle a la persona con quien nos hemos enfadado por qué nos hemos enfadado.

Cuando los niños pequeños se enfadan, pueden golpearse, darse patadas o chillar. No tienen mucho autocontrol, y pueden no haber aprendido todavía que está mal golpear a otra persona cuando uno está enfadado. Pero, cuando crecen y aprenden a utilizar palabras, saben que es mejor hablar que golpear, dar patadas o chillar cuando uno está enfadado. Aprenden a expresar sus sentimientos verbalmente, es decir, con palabras. Por supuesto, las palabras que emplean cuando están enfadados pueden ser más fuertes o duras de lo habitual, pero no es preciso que sean despreciativas o insultantes. Puedes decirle a una persona que estás enfadado sin dejarla por los suelos ni insultarla. Puedes expresar cómo te sientes con sinceridad sin ser maleducado.

¿Una disculpa lo arregla todo?

Pedir perdón cuando uno necesita hacerlo es lo correcto. Disculparse es una buena cosa. Pero, en sí, puede no bastar para que todo vuelva a ser como antes. A veces, junto con la disculpa, la persona necesita reparar el error o decir que intentará no volverlo a hacer nunca más. A veces, tener un detalle con la persona después de disculparte ayuda a hacerle ver que lo sientes realmente y quieres volver a ser su amigo.

A veces, un “lo siento” sincero lo arregla todo inmediatamente. Otras veces, una persona puede tardar cierto tiempo después de recibir tus disculpas en sentirte tan cerca de ti como antes. Tal vez tengas que darle tiempo. Incluso después de haber pedido perdón, es posible que siga sabiéndole mal lo que dijiste o hiciste pero podrás estar satisfecho por haberte disculpado y haber tomado la decisión de mejorar.

Pedir disculpas luego de una discusión no es una solución universal, no desaparece el enojo mágicamente, pero la palabra es una de las formas de comunicarse que tiene la humanidad, y las palabras que se dicen cuando se pide una disculpa tiene sentido para quien las dice y para quien las oye, sobre todo si van acompañadas de un verdadero sentimiento de arrepentimiento y respeto hacia el otro.

Ahora, cuando el pedir perdón se vuelva algo repetitivo, pierde su verdadero sentido y hay que comenzar a considerar que la persona no desea cambiar en realidad. En ese caso, habría que plantear el problema desde otro punto de vista y quizás sea conveniente pedir ayuda profesional.

Ten presente siempre esto:

“El primero en pedir perdón es el más valiente…
El primero en perdonar es el más fuerte…
El primero en olvidar es el más feliz.”

“No perdonar te trae adicionalmente: la ira, que enferma; el dolor, que paraliza; y la autocompasión, que baja tu autoestima.”

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Acerca de Lic. Arturo Chuctaya

El Lic. Arturo Chuctaya es Administrador de Negocios Internacionales egresado de la Universidad de San Martín de Porres en Perú. Asesor de empresas particulares y organizaciones no gubernamentales. Docente, escritor de vocación y conferencista en motivación y desarrollo personal. Actualmente es Gerente de Marketing y Publicidad en la empresa CADHIS, en donde además de otras funciones, capacita equipos de ventas en programas de innovación educativa. Es también Gerente General de la empresa Ceka Consulting S.A.C. dedicada a la consultoría y gestión empresarial, construcción y servicios generales. Es Blogger y Networker brindando servicios de tutoría en temas empresariales como administración, emprendimiento, ventas, marketing, marketing multinivel; y en temas de superación, empoderamiento y desarrollo personal.
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